El caso de Jean Andrés Pumarol, presunto responsable de la tragedia en el sector de Naco, donde hubo una mujer fallecida y varios heridos, incluyendo su padre, ha llamado mucho la atención de la sociedad con respecto a la salud mental en el país. Se ha dicho que el joven de 30 años sufre de esquizofrenia.

El suceso ha herido en lo profundo a personas como José Alberto Maldonado, quien tiene una hija con la enfermedad. Fue a los 16 años que a la joven, que hoy tiene 32, le diagnosticaron este mal que no sólo la ha afectado a ella, sino a su padre, quien desde pequeña ha sido papá y mamá para ella y demás hijos.

El más grave problema que tiene un enfermo mental es que los demás esperan que actúe como si fuera una persona sana mentalmente”, dice quien por años se ha desempeñado como fotorreportero del LISTÍN DIARIO. 

Hasta los 16 años su hija no había dado indicios de algo anormal. No socializaba mucho y era pasiva, pero su padre entendió que esa sería su personalidad. No fue hasta un episodio de violencia que las cosas empezaron a cambiar para siempre.

Estaba histérica, me mordió el brazo”, recuerda Maldonado de ese día cuando acudió a casa, tras una llamada de la madre de la joven. Luego de una serie de análisis y recorrido por varios especialistas, llegó el diagnóstico: padece de esquizofrenia.

“Yo no lo acepté. Yo lo investigué y dije que mi hija no podía tener eso. Y duré como dos años tratando de asimilarlo”, cuenta Maldonado. A pesar de lo duro que fue en un principio, asumió el diagnóstico y continuó investigando todo lo que pudo sobre éste. Su hija podía tener un trastorno mental, pero no estaba dispuesto a dejarla sola.

Hoy, ella tiene 32 años, es la segunda de sus cuatro hijos y siempre se ha preocupado por integrarla a la sociedad convirtiéndola en un ser humano funcional, a pesar de lo difícil que puede llegar a ser la convivencia con este diagnóstico.

José Alberto Maldonado y su hija de 32 años

José Alberto Maldonado y su hija de 32 añosFuente externa

“En un momento está bien, pero en otro te tira un jarro de agua para que la dejes tranquila… todo el mundo tiene como que aislarse o aislarla a ella cuando tiene ese proceso, que por lo regular es de 6:00 de la tarde a 8:00 de la noche. Es un tiempo que le tengo ‘cogío’ desde hace unos años”, dice quien desde los 23 años se ha encargado de su hija cuando su madre la dejó en la puerta de su casa con dos fundas, diciéndole que le había salido la residencia en Boston y que se marchaba. Desde entonces no la ha vuelto a ver.

Aclara que su hija no es violenta y que no ha empuñado ningún tipo de arma para atacar a los demás. Claro, también explica que en esto juegan un papel muy importante los medicamentos, los cuales la mantienen controlada y sin importar los costosos que puedan llegar a ser, siempre se encarga de que por ningún motivo les lleguen a faltar.

Yo no llego a mi casa sin esos medicamentos”, afirma el fotorreportero. Su hija los toma dos veces al día, en la mañana y a la seis, cuando tiene sus episodios, éstos la calman, le provocan sueño y se duerme.

Teme que nadie la cuide cuando él falte

En un principio, las dos moléculas antipsicóticos y antiagresividad que toma su hija, le costaban unos 14 mil pesos. Hoy ha tenido que cambiar de laboratorio para continuar supliéndole el medicamento, pues los que inicialmente tomaba eran muy caros y entiende que los que venden las boticas, no les funcionan.

Además, cuenta que estuvo participando en el Programa de Alto Costo, pero debido al tiempo que tardan estos en suplir el medicamento y la lucha que hay que coger, decidió continuar asumiendo el costo. Es un gran sacrificio.

Yo estuve participando y eso funciona, pero cogiendo toda la lucha del mundo, que es mejor soltar eso, porque si tú te pones a esperar la muchacha te entra en agresividad. Si tú te pones a esperar que eso llegue y gastas el dinero de la pastilla de ella, entonces tú vas a tener un esquizofrénico sin controlar, manifiesta el fotógrafo.

Su hija tiene una gran pasión por la cocina, y a través de ella le dan participación en los quehaceres del hogar, ya que es ella quien cocina y a veces lava la ropa de su padre con quien vive junto a su pareja Cecilia y la hija de 15 años de ésta.

Para José Alberto Maldonado, no sólo ha sido difícil sobrellevar la enfermedad de su hija, sino también el saber que sus demás hermanos no comparten con ella, por lo que uno de sus mayores miedos es que cuando él falte, ella se quede sin apoyo. 

Con su madre habla por teléfono y su padre dice que una vez al año ella le manda una caja de comida, pero nunca habla de venir a verla o colaborar con sus medicamentos. Para él, quien ha sido un apoyo es su pareja Cecilia, pero admite que la convivencia entre ambas hijas es complicada.

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