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La desertificación es un problema de prácticamente todos los países del mundo, por la tala indiscriminada, por la quema de bosques, por el avance de las ciudades y construcción de carreteras, entre otras causas.
Otra causa de la desertificación es la sequía, por el calentamiento global y el cambio climático, un proceso que se presenta como indetenible, pese a esfuerzos de ambientalistas, gobiernos y las advertencias de diferentes organismos internacionales.
Establecido por la ONU en 1994, el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía se celebra el 17 de junio, y en 2026 está enfocado en la preservación de superficies vitales para evitar la degradación de los suelos.
Este año, Kenia acoge esta efeméride, que tiene como lema “Pastizales: Reconocer. Respetar. Restaurar”, precisamente porque son los ecosistemas más extensos del mundo, cubren más de la mitad de la superficie terrestre y de ellos extraen su sustento alrededor de dos mil millones de personas, también suministran el 70 por ciento del alimento del ganado en todo el mundo.
Al ser ecosistemas, albergan diferentes formas de vida, desde insectos hasta reptiles y aves terrestres, de ahí que no solo alimentan al ganado, sino también a las aves migratorias y hasta a las aves de corral cuando se les permite internarse en ellos.
El problema de la contaminación ambiental, la lluvia ácida y el uso excesivo de ciertos fertilizantes y herbicidas, al arrasar con los pastizales provocan también la desaparición de una parte importante del mantillo terrestre, que es la capa de suelo donde se siembra.
Entre las vías de acción posibles se contempla una mejor gestión del suelo y del agua, y así estar mejor preparados para las sequías y fomentar campañas de restauración de pastizales, que no necesitan demasiados cuidados para preservarse.
Los pastos son resilientes y crecen a pesar de que se los corte, pero el planeta no es renovable, de ahí que cuidar estos ecosistemas equivale a cuidar a muchas especies vivas, entre ellas la especie humana.
La desertificación debe detenerse antes de que la vida en el planeta termine por caminar hacia su destrucción definitiva.