Otra vez quedó pendiente el Código de Trabajo, por tanto, que no haya ahora espacio para más precipitaciones. Lo decimos porque no vale la pena continuar en lo mismo y que otra legislatura le pase por encima a la modificación de un Código Laboral añejo y desfasado con 34 años de uso.

La paradoja en esto es que pese a que todos concuerdan en la pertinencia de su modificación, hay contradicciones aparentemente insalvables a juzgar por los años de discusiones estancadas.

Quizá, por el más reciente fracaso se debiera, antes de que retorne a la agenda congresual, reencauzar la conversación para evitar que el perenne desacuerdo con la cesantía termine en algo trunco, y que como aconteció con el Código Penal y la retranca que constituían las tres causales, se apruebe sin que nadie pueda reivindicar victoria o éxito alguno.

Inclusive, inmediatamente el presidente de la Cámara Baja anunciara que la pieza quedaba pendiente, se advierte un probable desacuerdo pues la parte sindical sugiere retirar el proyecto de modificación y que siga vigente el actual Código de Trabajo de 1992.

Es una propuesta nueva, con la que no necesariamente pueda coincidir la parte patronal, que en varias oportunidades ha sugerido, por los cambios no consensuados introducidos al texto, retornar a un espacio tripartito donde se pueda reorganizar la agenda de discusión.

Esta podría ser una propuesta inteligente, pues ambas partes han externado quejas sobre las modificaciones introducidas en el Congreso.

En ese nuevo escenario se podría retomar lo referente a la cesantía que apunta ser lo nodal para los sindicalistas, y también agendar los reparos de los patronos sobre temas como cambios en la forma de aplicación de la propia cesantía, la informalidad y la productividad.

Sugerimos que se “limpie” el proyecto de puntos ajenos a los consensos logrados durante años por empleadores y centrales sindicales y que ambos sectores, por separado, han identificado.

Deplorable que legisladores huidizos y “mangoneadores” renunciaran a que haya un código que beneficie al trabajador sin perjuicio para el empleador pero, eso sí, adaptado a los nuevos tiempos.

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