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En la II Cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), celebrada en La Habana, Cuba, en enero de 2014, los 33 países integrantes suscribieron una histórica proclama que declaró a América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Allí reafirmaron el compromiso de solucionar pacíficamente los conflictos, el respeto al estado de derecho y el desarme nuclear, un mensaje contundente de que nuestros pueblos promueven que cualquier controversia entre ellos y frente a las demás naciones, se resuelva mediante el diálogo.
Fue la Cumbre de la Celac que nos llenó de orgullo por las categóricas palabras del presidente Danilo Medina de no aceptar “que nadie, ni chiquito ni grande, atente contra la soberanía de la República Dominicana”, en respuesta a los discursos de algunos países de la Caricom que nos acusaron de racistas y violadores de derechos humanos.
Como parte de los países que adoptaron aquella declaratoria, el momento actual es ideal para reivindicarla ante acontecimientos en la región que alteran el clima de paz y distorsionan los lazos de solidaridad.
Ese espíritu de La Habana 2014 fue resumido la semana pasada en un pronunciamiento conjunto de la Celac sobre la necesidad “de preservar a América Latina como una región de paz, libre de cualquier forma de intervención, en estricto respeto a las declaraciones de Naciones Unidas y la soberanía de los Estados”.
Aunque el canciller Roberto Álvarez se vio precisado a aclarar que República Dominicana no estuvo entre los firmantes, consideramos su opinión muy inteligente y oportuna en el contexto geopolítico actual.
El mundo está convulso, hay crisis por doquier e inestabilidad en muchos gobiernos, pero nada debe impedir que América Latina y el Caribe sigan siendo zona de paz, sobre la base del anhelo legítimo de todos los pueblos de preservarla y consolidarla mediante la promoción de relaciones amistosas entre los Estados y el compromiso de resolver cualquier controversia por la vía del diálogo y medios pacíficos, de conformidad con el Derecho Internacional.
Hay que poner distancia de todo cuanto pueda atentar contra la democracia, el diálogo y la diplomacia, y rechazar cualquier opción que implique el uso de la fuerza.