Se descuenta que sábado y domingo el tema dominante serán los cinco años de Abinader y que habrá loas de acólitos y partidarios y acérrimas críticas opositoras.
También que el pase de revista se centrará en luces y sombras desde agosto de 2020 a la fecha, pero serán pocas las perspectivas respecto al futuro personal del mandatario y su legado.
Restan tres años, suficiente para que, salvo imponderables, Abinader pueda conseguir que se le reconozca como “reformador y honesto”, que no le falló a su gente, lo que reveló a El País de España en diciembre de 2020.
En estos cinco años ha mostrado condiciones excepcionales que nadie puede regatear y formarán parte de su legado, porque le tocó lidiar con coyunturas difíciles y sorteó, simultáneamente, crisis económica, pandemia, la inacabable debacle haitiana y la guerra en Ucrania.
Cinco años navegados de crisis en crisis en un entorno internacional desfavorable, pero mantuvo la nave a flote, aunque quizá al arrancar el sexto año los vientos en contra soplen más fuerte por aquello de que los segundos períodos son difíciles y porque él mismo se impuso muy temprano los dos candados y desató desenfrenadas aspiraciones presidenciales en su partido.
Hay quienes apuestan a que eso le pasará factura, pero ha hecho lo suficiente para ser recordado como un buen gestor de conflictos que no elude responsabilidades.
No habría unanimidad de criterios, pero un balance de su actuación hasta aquí refleja que mientras gobernantes delegan en asesores determinadas cuestiones, él prefiere encararlas personalmente, le gusta hablar en primera persona y suele empeñar su palabra.
También ha figurado entre sus prioridades modernizar el Estado, simplificar su estructura y transparentar las finanzas públicas.
Son cualidades que no se pueden poner en duda, catapultadas por una mayoría parlamentaria y predominio casi absoluto de su partido, lo que deberá considerarse al valorar lo que hizo o dejó de hacer.
Cinco años y contando, con retos inmediatos como consolidar su liderazgo en el partido, mantenerlo unido y promover un relevo que garantice conservar el poder, lo que acaso sería su más importante legado por todo lo que implica. l