El Pequeño Haití en RD: comercio sin fronteras
Sin la amenaza de la violencia que azota a su país, en el Pequeño Haití, ubicado al sur del Distrito Nacional, en los alrededores del Mercado Modelo en el sector San Carlos, donde una comunidad de haitianos conviven con dominicanos en un comercio de flores, raíces y mercancías diversas. Una relativa armonía se percibe en las calles de este diminuto espacio, a pesar de no compartir el mismo idioma, la religión ni la cultura. Están renuentes a dialogar sobre el clima de criminalidad en Haití y de las bandas que asedian a la gente y dicen no saber de los cuatro militares salvadoreños desaparecidos en Haití. Son reacios al contacto con los periodistas. Pero el ajetreo cotidiano aquí se observa codo a codo en los negocios. En la cadena de venta al por mayor y al detalle, haitianos pueden ser los propietarios de las tiendas y los dominicanos los empleados, o el dominicano es el dueño del comercio y los haitianos son los dependientes. Las flores y los productos comestibles, como el arroz y el aceite, son los principales artículos en la demanda.
Pocos extranjeros indocumentados se vieron en las vías públicas. Dicen que los agentes de migración mantienen un cerco a los ilegales, lo que ahuyenta a quienes no tienen permisos para estar en la República Dominicana. A esto se suma la queja de vendedores de las bajas ventas.
La joven pareja que integran Marie-Louise, de nacionalidad haitiana y José Arredondo, dominicano, caminaban en la tarde de ayer por El Pequeño Haití, con un ramos de flores que prepararían para vender al detalle, olvidados de la diferencia racial y de que Haití permanece sumido en una profunda crisis de inseguridad por el control territorial de las bandas armadas. En este rincón comercial en el territorio dominicano, el haitiano Tony Stela declara que se entera de lo que ocurre en su país por medio de Radio Caribe, una emisora haitiana que penetra al territorio dominicano. Es oriundo de la comuna de Pétion-Ville, donde dice que tiene una casa grande. Este propietario de un puesto de venta de flores expresó que perdió a un amigo, asesinado en su natal Pétion-Ville, suburbio de personas adinerado en las colinas de Puerto Príncipe. Haití, caracterizado por incursiones armadas, tiroteos, saqueos y el desplazamiento forzado de miles de habitantes. Señala que la inseguridad y la política son dos problemas sin solución en su nación, en la que habitan sus tres hijos.
Jessel Miasé es un comerciante de pantalones vaqueros en El Pequeño Haití. Renuente a hablar para el periódico Hoy, comenzó a fluir cuando se le preguntó por el precio que paga para retornar a la República Dominicana. Indica que cada vez que lo deportan, debe buscar unos RD$25,000.
Jason Rodríguez Fulcar, tiene ascendencia haitiana. Es hijo de padre haitiano y de madre dominicana, por lo que se define “arrayano”, aclarado que solo habla el idioma español, que no conoce nada de Haití y no desea visitar la tierra maternal. Muchas uniones de parejas se forman en El Pequeño Haití y procrean hijos, como la familia de Jason, quien tiene cinco hermanos.
Dilema de las ventas
Carlos Alfredo Pazo y su hermana Heidy atienden el puesto de venta de flores, debido a que a su madre, Katalina, se le murió el padre. Afirman que persisten inconvenientes con haitianos por los celos de quien venda más.
La penetración de productos fabricados en Haití es cada vez mayor. El dominicano Melvin del Valle Vargas, chofer de camión de un negocio de un haitiano, dice que la leche “Rongu Chake” es uno de los nuevos artículos que se importan desde Haití”.
