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El gasto militar en el mundo se ha disparado y alcanza un nuevo récord en 2024 con 2.7 billones de dólares, publicó la ONU esta semana. Otro informe, este sobre el hambre en 2025, dice que el mundo produce suficiente comida para alimentar a sus 8 mil millones de habitantes, pero 733 millones de personas (1 de cada 11) pasan hambre todos los días.
Mientras se gasta en armas el equivalente al PIB de todo el continente africano y más de la mitad del de Latinoamérica, con un aumento de 9.4 % respecto a 2023 y que proyecta alcanzar 3.5 billones en 2030 y los 4.7 billones en 2035, la mitad de todas las muertes infantiles se relaciona con la desnutrición y nueve millones de personas mueren cada año por causas relacionadas con el hambre.
Dice la ONU que el gasto militar equivale a 334 dólares al año por cada habitante del mundo, lo que supone una enorme brecha con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), mientras en África 1 de cada 5 personas pasa hambre cada día.
Parecen frías cifras, pero expresan las mentiras, la desinformación, las manipulaciones y los intereses geoestratégicos y económicos del negocio del armamentismo.
El colmo del descaro es Ucrania, por citar un solo ejemplo ante el recrudecimiento de los conflictos bélicos, utilizada por la industria militar hasta como laboratorio para comprobar la efectividad de ciertos tipos de armas nuevas.
Ante el disparado gasto militar mundial, que no garantiza la paz en ninguna parte y distrae fondos que podrían invertirse en salud, educación, empleos y protección del medio ambiente, retomamos las palabras del papa León XIV contra la vocación bélica que agita a las grandes potencias y su condena el armamentismo.
Para el pontífice, los conflictos armados y las perturbaciones económicas juegan un papel central en el empeoramiento de la crisis alimentaria “por la que tantos pobres del mundo siguen careciendo del pan nuestro de cada día”.
El colmo de esta combinación letal, denuncia el papa, es que “asistimos desolados al inicuo uso del hambre como arma de guerra”.