Suena ocioso hablar de la importancia del agua en la vida de las personas y de todo el planeta, cuando ese tema ya ha sido discutido y comprobado a lo largo de toda la historia de la humanidad. La semana Mundial del Agua se celebra del 24 al 28 de agosto en el Stockholm City Conference Centre, en la capital sueca, con el tema “Agua para la acción climática”.
Se trata de un foro que reúne a expertos de todo el mundo para analizar y plantear soluciones a los problemas del agua, pero sobre todo para revisar los tópicos hídricos más acuciantes del planeta.
El acceso al agua es un derecho humano fundamental, porque nadie sobrevive sin ese líquido que permite hidratarse, cocinar los alimentos, higienizarse y contar con ropa limpia, lo cual en algunas regiones constituye un verdadero lujo, mientras industrias, mineras y fábricas tiran sus desechos en ríos y arroyos, lo que torna inservibles y peligrosas esas fuentes.
Las cifras que brindan Unicef y la Organización Mundial de la Salud son escalofriantes: 2,100 millones de personas carecen de acceso a servicios de agua potable y segura, 4,500 millones no cuentan con servicios de saneamiento seguro, 340,000 menores de cinco años mueren cada año por enfermedades diarreicas.
En algunas regiones las personas deben recorrer kilómetros con tinajas y cubos al hombro para llegar a una fuente de aprovisionamiento, lo que de por sí es un atentado a la dignidad humana.
Mientras en la historia de la ONU figura una larga cronología de acuerdos para agua potable y segura a todas las poblaciones, muchos suscritos por diferentes gobiernos dominicanos, en nuestro caso particular ocurren atentados como la acción de granceras que secan los ríos y arroyos sin un régimen de consecuencias.
Cuidar el agua, exigir a las autoridades que castiguen a los que atentan contra los ríos y arroyos, es una misión de todos, antes de que las praderas se conviertan en páramos y la Tierra en un cascarón vacío y sin vida.