Santo Domingo.
Cuando estamos en presencia de un nuevo ordenamiento “ideológico” y de cambios de rostros presidenciales en nuestro continente, es realmente apasionante imaginar y concretar formas de organización de nuestro desarrollo político, en ese sentido, la importancia de la política y buscar caminos de participación y compromiso que faciliten el relevo generacional y el surgimiento de nuevos liderazgos con vocación y capacidad de cambio.
Si nos detenemos a estudiar la situación en República Dominicana y América Latina en los dos últimos decenios, encontramos que se ha dado una profunda crisis en las instancias políticas, económica y sociocultural, acrecentada por los nuevos procesos internacionales y en particular por la concreción de la globalización y su incidencia entre nosotros.
El país se encuentra en una encrucijada social, transitando en un péndulo en cual hemos vivido por décadas. El sistema político y económico se negaba a ceder, anclado en un placebo que nos sumergía en el descredito y las deficiencias.
Analicemos el fenómeno Luis Abinader.

Desde nuestra óptica buscamos examinar la trayectoria y el liderazgo político de Luis Abinader, así como sus contribuciones a la institucionalidad, el desarrollo y la transparencia gubernamental en solo tres años de gestión.
Es un economista y político dominicano que ha emergido como una figura destacada en la política de nuestro país y toda Iberoamérica en la última década. Su ascenso está marcado por la consistencia, un enfoque en la transparencia, la eficiencia y lucha incansable contra el tradicional saqueo del erario.

Luis Abinader proviene de una familia con una larga historia en la política y los negocios en la República Dominicana. Comenzó su carrera política a temprana edad, acompañando a su padre José Rafael Abinader Wassaf en diferentes procesos políticos y empresariales.
Ocupó varios cargos dentro del Partido Revolucionario Dominicano antes de convertirse en su candidato vice presidencial junto al presidente Hipólito Mejía en la campaña del año 2012. Para el 2014 y luego de la separación el partido Revolucionario Dominicano (PRD), lograron adquirir la continuidad jurídica del partido Alianza Social Demócrata (ASD) para convertirse en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), convirtiéndose en la estructura política que ahora conocemos.

En las elecciones presidenciales del 2020, Luis Abinader se presentó como el candidato del cambio y la renovación; su plataforma se centró en la transparencia gubernamental, la inversión en educación, salud, lucha contra la corrupción y el desarrollo equitativo e inclusivo del pueblo.
Ganó las elecciones con un amplio margen, marcando un nuevo capítulo en la política dominicana.
Lucha contra la Corrupción:
Una de las principales prioridades de la presidencia de Abinader ha sido combatir la corrupción pública y privada. Ha establecido medidas de rendición de cuentas y ha promovido la independencia de las instituciones encargadas de investigar y perseguir ese flagelo.
Política Económica y Desarrollo:
Abinader ha implementado políticas económicas destinadas a estimular el crecimiento y el desarrollo en la República Dominicana. Esto incluye inversiones en infraestructura, apoyo a las pequeñas y medianas empresas, lucha contra la inflación y esfuerzos para mejorar el clima de inversión en el país.
Desafíos y Perspectivas Futuras:
Si bien el liderazgo de Luis Abinader ha sido en general bien valorado por la población, pues está haciendo frente a la deuda social acumulada, enfrentó los desafíos post COVID-19, Guerra de Ucrania, aumento de las materias primas, y tuvo la misión de relanzar la economía, cerrada por la pandemia.
Su liderazgo traspasa las fronteras de su país, poniéndose a prueba con ser el principal abanderado en la intervención internacional en su vecino país Haití.
El presidente Abinader representa un cambio significativo en la política dominicana, su liderazgo político se refleja en los resultados de la encuesta Gallup, donde lo sitúa con una intención de voto por encima del 50%.

En el proceso interno reciente de su partido obtuvo más del 90% de los votos, con una votación general que sobrepaso el millón de personas. En proporción, ningún candidato en democracia cuenta con esa simpatía a lo interno de una organización, colocándolo como el principal activo y el candidato a vencer en los próximos comicios.
Bajo su responsabilidad descansa la unidad partidaria para llevar de nuevo a ese partido hacia un buen desempeño en los comicios de febrero y mayo.